Devocional

“Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos. Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes.”
(Deuteronomio 11:18-19)

Por Hazel Matthews (Escocia)

El nacimiento de un bebé trae mucho gozo y alegría en una familia. Se toman fotos, se debate acerca de a quién se parece, se proponen nombres, se dan y reciben regalos y se vuelven a vivir momentos en el recuerdo.

Las genealogías en la Biblia, acentúan el papel de algunos de los miembros de cierta familia, y la influencia que estos tuvieron.

Raquel eligió favorecer a su hijo Jacob, engañó a su esposo y de esta manera le negó a Esaú su bendición. Como resultado, Jacob tuvo que abandonar el hogar familiar, creando desde entonces división y contienda. Siguieron años de separación, disputas en el trabajo, falta de armonía conyugal y rivalidad entre hermanos. Una familia que había sido escogida por Dios para ser una gran nación, se encuentra a sí misma en una tierra extraña y bajo la tiranía de un malvado señor. Las semillas de la discordia habían producido una cosecha de destitución familiar y espiritual.

Qué contraste con lo que Pablo escribe a Timoteo en términos de cariño: “amado hijo”. Pablo recuerda a las mujeres que habían tenido tan divina influencia en la vida de este joven. Su hogar, en Listra, había sido el lugar donde su abuela Loida y su madre Eunice animaron a este muchacho a discernir las verdades espirituales; ellas eran judías, pero habían descubierto la fe personal, en Cristo. Un niño judío comenzaba formalmente su estudio del Antiguo Testamento con cinco años, pero Pablo le recuerda a Timoteo que desde la infancia se le había enseñado las Escrituras, las cuales lo hicieron sabio para entender la salvación en Jesucristo.

Ahora, languideciendo en una fría prisión, encadenado a soldados bajo el emperador Nerón, Pablo encarga a Timoteo que permanezca firme, y que honre a Dios, como su propio nombre indica.

El impacto y las oraciones de estas mujeres, fueron clave en el ministerio de este siervo de Dios. Que también seamos nosotros modelos a seguir, conforme a Dios, y conforme a Él, buenas inversoras en nuestro árbol familiar.